¿Conoces los términos Text-Neck, phubbing y nomofobia? En este artículo te contamos qué son, por qué se está hablando de ellos y qué podemos hacer para evitar padecerlos
En uno de nuestros artículos pasados hablamos del término tecnoestrés, un tipo de estrés asociado a la sensación de abrumo y angustia que provocan las nuevas tecnologías, la adicción y/o la constante exposición a ellas.
Este fenómeno comenzó a acelerarse gracias a la revolución digital (y se agudizó con las redes sociales), haciendo que hoy vivamos en un constante limbo entre nuestra vida real y física y nuestra vida virtual, sin saber cuándo comienza una y termina la otra.
El tecnoestrés y la adicción al celular o pantallas están afectando negativamente en la salud de las personas e incluso está cambiando la sociedad en que vivimos. En épocas anteriores los límites entre el trabajo y nuestra vida personal estaban más delimitados. Las personas que trabajan frente a un computador salían de sus trabajos y descansaban inmediatamente de las pantallas, pero para nuestros tiempos eso no es algo común, ya que lo primero que hacemos es conectarnos al celular y a nuestra vida social digital.
Consecuencias en la salud mental y física
El alto uso de tecnologías puede generar elevados niveles de insomnio, dolores articulares y ansiedad. Una de las mayores consecuencias está relacionada a la constante exposición a pantallas o luz azul. En un estudio llevado a cabo por el Centro de investigación lumínica de New York se concluyó que la luz artificial suprime la secreción de melatonina, afectando directamente la calidad del sueño y por lo tanto aumentando los niveles de cansancio y estrés.
Las pantallas afectan a nuestra salud ocular con consecuencias como fatiga visual, ojos secos, visión borrosa, picazón, enrojecimiento y dolor de párpado, que a la larga traen consecuencias en nuestra visión.
Dolores cervicales, lumbares, problemas en la circulación sanguínea, entre otros, también se asocian a las malas posturas que adquirimos al estar frente a un computador o en el teléfono gran parte de nuestro día.
La adicción a la tecnología, especialmente a las redes sociales, también afecta a la salud mental y en consecuencia da resultados como la depresión, ansiedad, problemas de hiperactividad, falta de atención e irritabilidad. Esto se vuelve más preocupante si consideramos que, por ejemplo, según una investigación canadiense publicada en JAMA Network Open, los adolescentes de dicho país pasan aproximadamente 8 horas al día frente a una pantalla.
Riesgos emergentes
Hoy existen distintos tipos de definiciones más específicas para este problema, ayudando que sea más fácil detectar el nivel de adicción. Estos han sido catalogados como riesgos emergentes.
A continuación, te contamos cuales son:
Phubbing
Se utiliza para definir a la indiferencia que nos genera el entorno, incluidas otras personas, y a la alta prioridad que le damos a la tecnología como smartphone, computadoras, consolas, televisión etc.
Vamping
El uso de tecnologías durante las horas de sueño, específicamente en la madrugada, afecta directamente a los ciclos de sueño y descanso, perjudicando nuestra salud y estados de ánimo.
Nomofobia
Se refiere a la dependencia a las tecnologías, mayoritariamente al celular, haciendo imposible o casi imposible que la persona se desconecte de ellas por voluntad propia. Este trastorno incluso puede generar un síndrome de abstinencia.
Teck-Neck
Tipo de dolencias especificas de la zona cervical que se producen gracias al constante uso del teléfono u otros aparatos móviles y a las malas posturas que se adquieren por su constante uso.
Smombies
Este particular nombre define al uso de teléfonos inteligentes mientras se camina o se está en entornos sociales. Lo padecen las personas que caminan mirando la pantalla e ignorando casi por completo el entorno, generando una desconexión social y riesgo latente a tener accidentes.
¿Cómo evitar o aliviar estos trastornos?
Si bien el uso de tecnologías hoy es indispensable en cualquier ámbito laboral y se ha vuelto una costumbre en la vida personal, podemos realizar pequeños y grandes cambios en nuestra actitud frente a ellas, ya sea como forma de autocuidado o en políticas organizacionales que busquen mejorar la calidad de vida de las personas.
Autoconocimiento
Para comenzar, identifica cuántas horas al día estás frente a una pantalla ¿Qué sientes al saber esto?
Autocuidado
Desconexión digital
Realizar un “détox digital” se ha puesto de moda entre algunas personas y básicamente consiste en disminuir las horas de exposición a estos aparatos o por ejemplo, desconectarse durante al menos un día a la semana, generalmente sábado o domingo. Aprovechar ese día para realizar actividades sociales y presenciales, salir a pasear o realizar actividades como la pintura, cocina, carpintería, deportes, etc.
Actividad física
Higiene del sueño
Invertir en ergonomía
Establecer horarios
Eliminar grandes y pequeñas fuentes de estrés
La ayuda profesional
Si sientes que no puedes controlar o disminuir el uso de tecnologías, es necesario que busques ayuda profesional para aprender nuevos hábitos. También a nivel organizacional se requiere invertir en un Programa de Calidad de Vida que genere instancias de desconexión como pausas saludables o actividades recreativas.
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¿Te sentiste identificado con alguno de estos nuevos riesgos emergentes?






